Esto ye Xixón

domingo, 9 de agosto

El Faro

El Faro ilumina aquello que merece la pena descubrir.

Aquí encontrarás lugares, historias y experiencias seleccionadas por EYX.

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Puesta de sol en Gijón

Puestas de sol

Lugares donde ver la puesta de sol en Gijón

Restaurante-Merendero El Rinconín de Deva

Restaurante-Merendero El Rinconín de Deva

Deva

Desconecta de la ciudadNiños entretenidos, adultos tranquilos¡Bienvenido, Firuláis!

Tu apuesta segura si te la juegas a encontrar sitio.

El Rinconín de Deva tiene algo que cada vez cuesta más encontrar: espacio de verdad. Para aparcar, para sentarse sin agobios, para que los niños corran y para alargar la sobremesa sin la sensación de que alguien espera tu mesa. En el exterior hay tantas mesas que, incluso cuando está concurrido, llegas con la sensación de que algún sitio aparecerá. Los niños tienen su propia zona de juegos y el entorno hace el resto: a pocos minutos del centro, pero con ritmo de merendero. Aquí también se pide de otra manera. Marcas en un papel las raciones que quieres, te entregan un avisador y, cuando vibra, vas a recogerlas. Un sistema sencillo que permite que un espacio tan grande funcione sin perder ese punto informal de comida compartida, sidra y sobremesa larga. Abre todos los días de la semana y está especialmente preparado para esas comidas en las que sois muchos, vais con niños y también se apunta algún Firuláis: aquí todos tienen su espacio.

¿Por qué ir?

Porque hace fácil lo que normalmente no lo es: reunir a mucha gente, aparcar, comer al aire libre y dejar que los niños tengan su propio plan.

La sensación

Como haber organizado una comida en el campo sin tener que haber ido muy lejos.

Te acordarás cuando

Seáis demasiados para improvisar en cualquier sitio. Cuando los niños necesiten espacio y los adultos una sobremesa tranquila. O cuando te apetezca desconectar del centro sin pasar media tarde en la carretera.

Dato local

El Rinconín lleva en Deva desde 1968. Quienes conocieron el antiguo merendero todavía llegan buscándolo y se encuentran un espacio completamente transformado: más amplio, más moderno y pensado para recibir a mucha más gente.

Pero...

Hay más mesas que rincones con sombra. En un día de sol puedes encontrar aparcamiento y sitio de sobra, pero las mesas libres pueden ser justo las que no tienen donde resguardarse, y ahí el sol no perdona.

Cervecería El Transporte

Cervecería El Transporte

Fomento

Cerveza y temazosPicar para acompañarCon sol o lluvia¡Bienvenido, Firuláis!

Una buena cerveza, algo para compartir y ese temazo de los 80 que siempre acabas cantando.

El Transporte lleva décadas demostrando que no hace falta reinventarse para seguir llenando mesas. Aquí conviven quienes se paran a elegir una cerveza diferente con quienes piden la caña de siempre. Mientras tanto llegan unos nachos para compartir, una sartén al centro o una hamburguesa para quien viene con más hambre. De fondo suenan soul, blues, rock y pop de los 80. Hay canciones que empiezas tarareando sin darte cuenta y acabas cantando con la siguiente ronda. Cuando levantas la vista aparecen los carteles antiguos, las botellas, las figuras y hasta un avión colgado del techo. Da igual si acabas en la planta baja, en las mesas de arriba o en la terraza: siempre hay un detalle nuevo que descubrir.

¿Por qué ir?

Porque hay pocos sitios donde una buena cerveza, la música y algo para compartir encajen tan bien en el mismo plan.

La sensación

Como encontrar ese bar al que siempre apetece volver cuando lo único que buscas es estar a gusto.

Te acordarás cuando

Te entre el mono de picar algo, cerveza fría y un temazo de los 80 sonando de fondo.

Dato local

Mucho antes de convertirse en la cervecería que conocemos hoy, El Transporte fue un bar muy ligado a la actividad del puerto. Durante décadas, trabajadores portuarios y vecinos hicieron de esta esquina de Marqués de San Esteban con Pedro Duro uno de sus puntos de encuentro.

Pero...

La cocina abre a partir de las 20:00. Si llegas antes con ganas de acompañar la cerveza con algo, tendrás que esperar un poco.

Golfo Vermutería & Casual Food

Golfo Vermutería & Casual Food

El Carmen

Sesión vermúTardeos sin relojMúsica en directo¡Bienvenido, Firuláis!

Aquí la sesión vermú no es la excusa. Es el plan.

Hay sitios que necesitan una hora para descubrirse, y otros que te seducen desde la puerta. El Golfo hace las dos cosas a la vez: parece un bar de puerto que se ha colado en pleno barrio del Carmen, y esa primera impresión no hace más que crecer cuanto más tiempo pasas ahí. Abajo manda la barra, con sus rayas azul y blanco, toneles que hacen de mesa y apliques de pared que quedan justo a la altura de la cabeza. Arriba, el ritmo baja: mesas puestas con más calma para quien prefiere comer sin el bullicio de la planta baja. Pero el vermú es quien manda en todo el sitio. Pides algo muy concreto, algo que ni siquiera tienen en carta, y en vez de decirte que no, te lo inventan delante: mezclan, prueban, ajustan, hasta que sale algo que parece hecho para ti. Mientras tanto, ya han caído las bravas golfas, con su punto picante y su alioli aparte, de los pocos platos que sobreviven en carta año tras año. Aquí el vermú empieza antes del primer sorbo. Los fines de semana el Golfo cambia de ritmo. La sesión vermú reúne DJs, música en directo y a mucha gente que llega para el aperitivo y acaba quedándose toda la tarde. Entre semana el ritmo baja, pero el vermú sigue siendo la excusa perfecta para quedarte un rato más del que tenías pensado.

¿Por qué ir?

Porque aquí no hay una carta de vermús para elegir. Hay alguien detrás de la barra que construye el tuyo contigo.

La sensación

Como descubrir un bar de un pequeño pueblo costero sin salir del centro de Gijón.

Te acordarás cuando

Te apetezca un tardeo, o un vermú que no tiene hora de acabar.

Dato local

Durante un tiempo se decía que sus croquetas de callos eran las más ricas de Gijón. Tanto que en 2022 ganaron el Premio a la Croqueta Más Original en el certamen "Qué croqueta eres". Ya no están en la carta, pero todavía hay quien las pide por si acaso vuelven.

Pero...

Cuando la sesión vermú coge ritmo, encontrar sitio deja de ser tan fácil como pedir otro vermú.

Helados La Ibense

Helados La Ibense

La Arena

Capricho tradicionalEl indispensable del paseo por el muroBroche dulce al día de playa

La bolsa de estrellas que ha acompañado los veranos de Gijón durante casi un siglo.

Hay lugares que dejan de ser un negocio para convertirse en una costumbre. La Ibense es uno de ellos. Todo empezó en 1934, cuando Vicente Guillem llegó desde Ibi, en Alicante, tierra con tradición heladera. Se instaló primero en Somió, vendiendo helados con la garrafa al hombro mientras compaginaba el negocio con la tienda familiar de alimentación. En 1954 se estableció en el barrio de La Arena, donde sigue hoy. Cuatro generaciones después, el obrador familiar mantiene la misma forma de trabajar. Su gran emblema es el bombón de nata. Muchos lo reconocen antes de probarlo, por la bolsa plateada salpicada de estrellas azules y rojas. Abrirla es parte del ritual. Después llega el crujido de la fina capa de chocolate y una nata montada con la misma receta de siempre. Pero La Ibense no vive solo de la nostalgia. Junto a los sabores de toda la vida conviven otros bastante menos esperables: mantecado de yema tostada, mascarpone y tocino de cielo, chocolate fondant o vainilla praliné con nueces pecan. Y luego están los formatos que han pasado por miles de congeladores asturianos: las barras al corte para el domingo, los sándwiches de barquillo, los polos de toda la vida.

¿Por qué ir?

Porque puedes reencontrarte con un clásico de toda la vida y, al mismo tiempo, descubrir sabores que cuesta encontrar en otro sitio.

La sensación

Abrir una bolsa de estrellas que parece no haber cambiado nunca y comprobar que algunos recuerdos siguen sabiendo exactamente igual.

Te acordarás cuando

Vayas buscando un helado cualquiera y acabes pidiendo ese sabor que no has vuelto a encontrar en ningún otro sitio.

Dato local

A finales de 2022, medios nacionales como El País o RTVE anunciaron el cierre de "La Ibense", la heladería más antigua de España. La noticia corría por Cádiz, pero muchos gijoneses, desesperados, pensaban que hablaban de la suya. El Comercio tuvo que salir a aclararlo a principios de 2023: la de Gijón no tenía nada que ver, más allá de compartir nombre.

Pero...

En cuanto llega el buen tiempo, las colas salen por la puerta. Si vas, hazte a la idea de que todo lo bueno se hace esperar.

Las Rías Bajas

Las Rías Bajas

El Llano

Impresionar a sibaritasHomenaje gastronómicoExperiencia enológica clandestina

Parece un chigre de barrio, pero por dentro es uno de los mejores bares de vino de España.

El secreto mejor guardado de la enología asturiana se esconde en una sidrería de barrio. Hay lugares que desafían cualquier etiqueta, y Las Rías Bajas es uno de ellos. Ubicado en El Llano, algo alejado del bullicio del centro, este rincón camufla bajo la humilde estética de una sidrería tradicional uno de los templos del vino del norte de España. Cruzar su umbral es un juego de contrastes: barra de acero inoxidable y manteles de papel conviven con copas Riedel y botellas que no esperarías encontrar aquí. El alma de todo esto es su propietario y sumiller, Felipe Ferreiro. Con una pasión desbordante y sin ninguna pretensión, Felipe ha convertido el negocio familiar en un faro para buscadores de rarezas enológicas. Aquí no se viene a pedir el Rioja de siempre; se viene a ciegas, dispuestos a dejarse guiar. Su obsesión son los pequeños productores, los viticultores independientes, los champanes de autor y los vinos de jerez que custodian la historia líquida del país. Lo bueno es que esa bodega se abre a cualquiera: Felipe descorcha botellas exclusivas para servirlas por copas, así que puedes probar joyas a precios populares. En lo culinario, la propuesta no compite con el vino, sino que lo abraza desde la honestidad de la cocina casera. La carta defiende con orgullo el recetario popular asturiano y gallego a base de raciones generosas y producto impecable. Sin embargo, el clímax de la experiencia llega con la tabla de quesos. De hecho, si hay una sola razón por la que venir a Las Rías, es esta: sentarte a catar vino por copa junto a una tabla de quesos que Felipe va maridando pieza a pieza, convirtiendo cada ronda en una pequeña clase que no se siente como tal. Lejos de los surtidos industriales, aquí hay piezas artesanas y afinadas, tanto locales como llegadas de media Europa, muchas de producción limitada. Las Rías Bajas es, en definitiva, el triunfo de la autenticidad frente al postureo gastronómico. Un espacio ruidoso, vivo y magnético donde el paisano del barrio que toma un culín de sidra comparte espacio con el sumiller que ha viajado cientos de kilómetros solo para beber allí. Es el recordatorio de que la alta gastronomía no se mide por el diseño del local, sino por la grandeza de lo que se sirve en la mesa.

¿Por qué ir?

Porque pocas veces tendrás acceso a tanto vino por copa y a alguien que sepa guiarte tan bien entre ellos.

La sensación

Como entrar en la bodega de alguien que sabe muchísimo más que tú y descubrir que eso no importa.

Te acordarás cuando

Quieras impresionar a alguien con un sitio que no aparece en las listas habituales. O cuando necesites recordar que los mejores lugares no siempre son los más evidentes.

Dato local

Hace unos 20 años, Felipe se hizo cargo del negocio familiar. Fue entonces cuando decidió combinar la estructura de la sidrería de siempre con su auténtica pasión, formándose como sumiller y transformando poco a poco las estanterías de las botellas de sidra en un catálogo de vinos internacionales único en España.

Pero...

Si el vino no te interesa especialmente, probablemente no entenderás por qué este sitio tiene tanta fama.

Restaurante-Merendero El Cruce de Deva

Restaurante-Merendero El Cruce de Deva

Somió

Desconecta de la ciudadExperiencia asturianaGrupos grandesPara impresionar a foriatosNiños entretenidos, adultos tranquilos

Hay un debate eterno sobre cómo tiene que ser la tortilla. El Cruce no participa en el debate. Es la respuesta.

Hay un debate eterno y descarnado sobre cómo tiene que ser la tortilla de patata. Que si con cebolla o sin ella, que si cuajada o líquida. El Restaurante Merendero El Cruce no participa en esa discusión; es, directamente, la respuesta. Apostados desde 1989 en la carretera de Deva, en pleno corazón periurbano de Cabueñes, existe una ley no escrita por la cual casi cualquier conversación sobre tortillas en Gijón acaba conduciendo irremediablemente a sus mesas. La pides la primera vez arrastrado por su fama y regresas el resto de tu vida porque entiendes cada uno de los motivos. Aquí la cocina tradicional asturiana ejerce el acompañamiento perfecto con platos directos: chipirones afogaos, escalopines al Cabrales o carnes a la piedra colosales, todo escoltado por botellas de sidra de los mejores llagares enfriándose a la vieja usanza en agua helada. Su alma reside en un prao inmenso alfombrado de mesas tradicionales de piedra y madera donde el solín asturiano se vuelve un regalo; un oasis idílico donde los niños tienen hectáreas para correr mientras los adultos se rinden al sutil arte de pedir otra botella sin mirar el reloj.

¿Por qué ir?

Por el magnetismo de su tortilla sutilmente poco hecha, melosa y dorada por fuera, combinada con el rito de una sidra bien fría escanciada directamente sobre la hierba de su merendero. Es el equilibrio absoluto entre producto redondo y descompresión rural.

La sensación

Como un domingo de toda la vida que nadie se ha tomado la molestia de organizar formalmente y, precisamente por eso, ha salido absolutamente perfecto.

Te acordarás cuando

Planifiques una visita a la Universidad Laboral o al Jardín Botánico Atlántico y busques rematar el día con un homenaje gastronómico infalible a escasos minutos. También cuando te toque capitanear un plan familiar masivo y necesites que todo el mundo salga feliz, cómodo y saciado sin tener que negociar absolutamente nada.

Dato local

Aunque la sidra manda en el prao, El Cruce guarda un secreto identitario único para los amantes del lúpulo: es de los poquísimos merenderos que apuesta por el producto artesanal local sirviendo exclusivamente como marca de cerveza la asturiana Scone, nacida en el propio concejo.

Pero...

Entre semana se llena con la misma intensidad que un sábado. El Cruce ha roto la estacionalidad de los merenderos; si vas con la idea romántica de improvisar una mesa al aire libre en un día soleado sin haber reservado con antelación, te toparás con un aparcamiento colapsado y la cruda realidad de que conseguir sitio es misión imposible.

La Manoleta

La Manoleta

Centro

DesayunoCafé y algo ligeroPrimera vez en Xixón¡Bienvenido, Firuláis!

El desayuno que querrás repetir cada mañana no entiende de convencionalismos.

En La Manoleta han borrado las fronteras de la cafetería tradicional: aquí no hay barra ni mesas separadas. El espacio gira en torno a una mesa larga donde todo el mundo comparte sitio de forma natural, sin preguntarlo, rodeado por el ritmo de unas chicas que van y vienen sin parar. El día comienza con un café que llega escoltado por un cruasán artesano, un pequeño bocado que ya es ritual para los parroquianos. La carta se cocina al momento: minitortillas con club de fans propio, flautas crujientes con cecina y queso de cabra, molletes o revueltos servidos hasta las 12. La mayoría de los platos no llega a los 4€. Además, tienen pan sin gluten y alternativas de leches vegetales. Si el interior se queda pequeño, la terraza resguardada es el plan B. Llevan más de quince años en la Plaza Seis de Agosto y buena parte de Gijón se niega a empezar el día en otro sitio.

¿Por qué ir?

Una carta de desayuno de verdad, cocinada al momento con buen producto y buen precio. Es el sitio para descubrir que, por mucho menos de lo que crees, puedes empezar el día bastante mejor — con su mesa compartida y su café con mimo.

La sensación

Como desayunar en la cocina de un amigo que cocina de maravilla y te recibe con los brazos abiertos.

Te acordarás cuando

Tengas visita de fuera y quieras que su primer recuerdo de Gijón sea un buen desayuno. O simplemente cuando el cuerpo te pida empezar la mañana con algo mejor que lo de siempre.

Dato local

Aunque el local junto al Mercado del Sur es el epicentro de sus mañanas, "La Manoleta" debe su nombre original a la preciosa caravana vintage plateada con la que comenzó su aventura en 2015. El éxito fue tal que el establecimiento físico vino después. Como secreto extra: desde junio de 2025, han expandido su universo llevando sus famosos brunchs a un nuevo espacio en la calle Pablo Iglesias, 7.

Pero...

El local es una bombonera pequeña y magnética que se llena con extrema facilidad. En las horas punta, si la terraza resguardada está completa, te tocará armarte de un poco de paciencia y esperar tu turno.

El Indio Terraza Club

El Indio Terraza Club

Somió

Puesta de solPlan en parejaTerraza con vistasMúsica en directoExperiencia con el mar¡Bienvenido, Firuláis!

El Cantábrico es el plato principal. La comida acompaña.

Fuera no hay mucho más que mar, roca y horizonte. Dentro, la barra tiene luz azul, las lámparas son de esparto y la decoración está más cuidada de lo que sugiere la carretera de Estaño. Cuando el mar está enfadado es un espectáculo desde las cristaleras — olas rompiendo contra las rocas mientras tienes una copa en la mano. De día, el público mezcla familias que acaban de subir de la playa con grupos de gafas de sol pidiendo vino blanco. A partir de las seis empieza el tardeo — DJs o música en directo — y un vermú de sábado se puede convertir, sin darte cuenta, en tres copas de más viendo el atardecer. La cocina juega entre la tradición marinera y los hits playeros: arroces con marisco o calamares, densos y por encargo si vas en serio. Si prefieres improvisar con raciones, los puerros gratinados con jamón y bechamel, las zamburiñas a la plancha o la ensalada de tomate con ventresca cumplen de sobra. Hay días que El Indio es un mirador. Hay días que es un refugio. Y hay días que llegas para tomar algo y acabas escuchando un concierto con el mar de fondo.

¿Por qué ir?

Las vistas, la terraza frente al Cantábrico y esos momentos en los que el mar deja de ser el fondo y se convierte en el protagonista.

La sensación

Como estar de vacaciones sin haber hecho la maleta.

Te acordarás cuando

Necesites un plan que justifique el desplazamiento. O cuando quieras quedar bien y dejar que el mar haga el trabajo.

Dato local

El nombre viene de una roca en el acantilado de enfrente que, vista desde la terraza, tiene el perfil exacto de un indio norteamericano. Ahora que lo sabes, no podrás dejar de verlo.

Pero...

Tan aislado que la cobertura apenas llega. Tienen wifi, pero si esperas una llamada importante, mejor avisa antes de salir. En verano, el problema no es encontrar El Indio. Es encontrar mesa.